La salud de tu mostrador

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El corazón de tu tienda

De todos los puntos de tu local, hay uno en especial que es el centro de toda la actividad, el lugar en el que se hacen negocios, se cierran acuerdos y se generan ventas: tu mostrador.

El mostrador es el corazón de tu negocio y, cuando está sano, tu negocio funciona de maravilla. Pero ¿qué pasa si aparecen las arritmias, el colesterol, fallan las válvulas o sufre un ictus? Hagámosle un chequeo a tu mostrador y veamos si padece algún tipo de estas dolencias.

El colesterol

Hay un momento en el día que muchos negocios conocen bastante bien. Llega media mañana o primera hora de la tarde y el mostrador empieza a llenarse.

En ese momento el mostrador deja de ser solo un punto de cobro y se convierte en un pequeño centro de operaciones donde todo tiene que resolverse con rapidez.

Por supuesto, en la mayoría de los negocios, el mostrador suele funcionar muy bien… hasta que:

  • el cliente pregunta si hay stock de un producto. El vendedor mira el ordenador, duda un momento y acaba diciendo algo como:
    • “creo que queda algo, pero déjame que lo mire en el almacén”.
  • el cliente pregunta el precio de un artículo que no se vende con frecuencia y la respuesta es un:
    • “voy a la oficina y te lo digo”.
  • o alguien quiere repetir un pedido que hizo hace meses y resulta que:
    • “la persona que lleva este tema ha salido”.

A priori no son grandes problemas, pero sí pequeñas situaciones que, sumadas, ralentizan el trabajo diario, generan malestar en los clientes y estrés en el personal. Tu mostrador tiene síntomas de estar atascado y el diagnóstico más probable es que podría estar padeciendo “colesterol”: los vendedores se atascan y, si no lo solucionas, acabará produciéndote un problema mucho más grave.

La arritmia

Sin embargo, cuando el mostrador funciona con fluidez, todo cambia: disponemos de tiempo para interesarnos por los proyectos de nuestros clientes, les contamos que “para lo suyo” hay un producto nuevo que “les vendría muy bien”, les recordamos que tal o cual factura está pendiente de pago, etc.

Todo genial. Pero claro, si nuestro mostrador tiene el colesterol alto, pueden aparecer otros síntomas. De repente, la percepción que el cliente recibe del servicio que le ofrecemos empieza a parecer un tanto confusa.

El día que “tenemos poco jaleo” le tratamos de maravilla, le dedicamos tiempo, le escuchamos, le comprendemos y le proporcionamos todo lo que necesita al momento.

Pero el día que “tenemos algo de lío” le hacemos esperar (ya vimos en otro artículo anterior que la espera para un cliente significa pérdida de dinero), le transmitimos la sensación de “no te enrolles que no doy abasto” y, como no le dedicamos suficiente atención, no nos cuenta que la semana que viene va a necesitar lo que se lleva hoy, pero multiplicado por 10 (y lo mismo la semana que viene no tenemos stock suficiente…).

Este es un diagnóstico claro: arritmia. Tu mostrador no puede mantener un ritmo constante de atención de calidad a tus clientes y, a la larga, esa pérdida de ritmo puede hacer que tu clientela se cuestione si funcionas bien, o si es mejor buscar un proveedor más estable.

Las válvulas

Los síntomas que han provocado las arritmias del apartado anterior han acabado produciendo daños colaterales: estrés, cansancio, frustración… ¡Ya está! tu personal está desmotivado, no se concentra y no rinde. Cuidado, a tu mostrador le están fallando las válvulas.

El cliente llega, plantea lo que necesita y el personal no tiene acceso rápido a la información necesaria:

  • disponibilidad de stock
  • precios actualizados
  • referencias alternativas
  • historial de compras del cliente

Llegan el agobio, el nerviosismo y las prisas, lo que les impide aprovechar oportunidades que acaban pasando desapercibidas:

  • proponer un complemento necesario
  • informar sobre una herramienta más adecuada
  • o aportar una solución más eficiente

Ese tipo de ventas adicionales nacen casi siempre en el mostrador y si tu personal no da abasto y no tiene tiempo suficiente para escuchar y aconsejar a tus clientes, simplemente pierdes ventas. Y, lo que es peor, probablemente sea otro el que se las acabe llevando.

El ictus

Nuestro mostrador ya no puede más. La tensión se eleva, el exceso de presión hace que la situación explote y ya tenemos un problema grave: sufrimos un “ictus”.

Las consecuencias pueden ser entre leves y devastadoras, pero la parte que se va a ver más afectada en nuestro negocio es: la anticipación.

Cuando tu mostrador funciona correctamente, la relación con tu cliente es directa, se basa en el conocimiento y en la confianza mutuos.

Tus vendedores saben perfectamente:

  • qué tipo de trabajo realizan tus clientes
  • qué marcas utilizan habitualmente
  • qué materiales suelen necesitar
  • incluso cómo prefieren organizar sus pedidos y las entregas

Tu anticipación es la razón por la que tus clientes vuelven una y otra vez a tu negocio. Y esta anticipación nace (o fallece) en tu mostrador.

Si no te comunicas con fluidez con tus clientes, no obtienes de ellos una información que es auténticamente privilegiada. No sabrás de antemano lo que vas a vender, no dispondrás de tiempo para negociar con proveedores y gestionar tus existencias, no evitarás el coste de oportunidad que provoca una rotura de stock, etc. Si sufres un ictus en tu mostrador, perderás tu capacidad de anticipación y ya nada volverá a ser como antes.

El infarto

Desatender los síntomas anteriores y prorrogar los comportamientos que los generan derivan en un desenlace fatal de los acontecimientos: el infarto y la “parada cardiorrespiratoria” de tu negocio.

Tu mostrador ya no funciona, no obtiene información de tus clientes, no presta una atención de calidad, pasa por alto oportunidades de venta, está agotado y desmotivado… tu negocio ya no tiene pulso.

Pero, afortunadamente, existen los desfibriladores. Y también los tratamientos que pueden ayudarte a evitar todos estos síntomas y dolencias. La salud de un negocio también se beneficia de los métodos preventivos y los hábitos saludables.

Para un buen funcionamiento es necesario mantener la fluidez de la información, la agilidad en la obtención de datos, la capacidad de gestionar bien el esfuerzo y aprovechar el reposo. Esto sólo se consigue cuando gestionas tu negocio “con cabeza” y, como una cabeza no puede retener toda la información, tu mejor aliado es un software de gestión total que te proporcione al instante información sobre precios, características de productos, pedidos a proveedores, stock disponible, rotación de mercancías, puntos de pedido, ubicación de productos, pedidos de clientes, entregas… es decir, acceso inmediato y pormenorizado del día a día de tu negocio.

No todos los tratamientos sirven para todos los negocios

Igual que la medicina dispone de diferentes tratamientos para cada tipo de paciente, los desarrolladores de software crean programas de gestión para cada tipo de negocio. Si bien existen programas “genéricos”, hay determinados sectores que, por la naturaleza de sus productos o servicios, necesitan programas más específicos.

Y es que una carnicería no vende costillares por metros, una joyería no vende relojes por litros y un gimnasio no te cobra por kilos (ni por los que llevas, ni por los que pierdes). Pero tú sí que trabajas con diferentes magnitudes y tu programa de gestión tiene que ser capaz de reflejarlas.

Por eso un software como Control Integral es el más adecuado para tu sector. Está específicamente desarrollado para negocios como el tuyo y lleva más de 20 años trabajando con ferreterías, almacenes de material de construcción y empresas de suministro industrial para adaptarse a la perfección a la operativa que implica la venta de los productos y servicios que tú comercializas.

Además, está preparado para gestionar negocios de cualquier tamaño. Tanto si tu negocio es una pequeña ferretería, como si dispones de varios puntos de venta, Control Integral te ofrece diferentes opciones para que no te falte ninguna funcionalidad, pero no pagues por complejas opciones que no utilizas.

Y si tu negocio crece, Control Integral crece contigo. Puedes ir añadiendo los módulos que necesites a medida que vayan surgiendo nuevas necesidades en tu día a día.

Lo más recomendable es que solicites una demostración gratuita para que puedas comprobar en tu propio negocio los beneficios de contar con un software adaptado, como Control Integral, frente a las carencias de instalar un software “genérico”. Porque, al final, eres tú quien controla el pulso de tu negocio y quien sabe lo que necesita.

Evita colapsar y “dejar de vender lo que ya estabas vendiendo”, incorporando hábitos saludables que te permitan vender más. Decídete por el tratamiento más adecuado para la buena salud de tu empresa.

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